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Crimen y Misterio - Criterio New - Edición XXV

El asesinato del feriante Murúa

POR HORAS SU CUERPO QUEDÓ TENDIDO EN EL GARAJE DE SU DOMICILIO HASTA QUE LO ENCONTRARON. PRIMERO SE PENSÓ EN UNA MUERTE NATURAL. PERO EN LA AUTOPSIA SE DESCUBRIÓ QUE LO HABÍAN ULTIMADO DE UN DISPARO EN LA CABEZA.

crimen y misterio

Francisco Timoteo Murúa tenía 73 años y desde joven se había dedicado a la venta de frutas y verduras, principalmente en el Mercado de Abasto, y luego proveyendo a varias verdulerías. Padre de varios hijos, era muy reconocido en este ambiente y siempre se mantenía activo pese a los años.

En la madrugada del 13 de noviembre de 2011, "Pancho", como lo identificaban sus parientes y amigos, llegó a su vivienda de calle Perú al 500, en pleno centro de la capital de Catamarca, y estacionó en el garaje su camioneta.

Cerca de las 8 de la mañana una vecina lo observó tendido en el piso, se asustó y llamó a la Policía. Cuando llegaron, la familia ya estaba alertada y en un primer momento se pensó que había fallecido de causas naturales y se había golpeado la cabeza contra el suelo, porque presentaba un corte.

Sin embargo, horas después y una vez que se realizó la autopsia, se descubrió que en realidad Murúa había sido asesinado de un disparo en la cabeza. Por varias horas el misterio rondó su muerte. Nadie había escuchado un disparo en la madrugada, nadie vio movimientos sospechosos en la cuadra.


INDICIOS

Pero los investigadores no se quedaron quietos. Recurrieron a las cámaras de seguridad instaladas en la cuadra, se comenzó a armar un recorrido de las últimas horas de Murúa, sus amigos y probables enemistades.

Pero una pista confundía a los policías. Entre sus pertenencias se encontró dinero y se dudó que el móvil del crimen haya sido por robo. Pero se supo que acostumbraba a manejar grandes sumas y las solía llevar en su poder.

Según se pudo establecer, en dos ocasiones había sido víctima de asaltos violentos. Incluso veinte años antes recibió un disparo en una de sus piernas por parte de un par de delincuentes y su esposa resultó golpeada. En uno de los asaltos logró identificar a los responsables, quienes fueron detenidos y encarcelados.

En un primer momento se investigó si la muerte podría haber sido parte de una venganza de amigos de los delincuentes presos. Pero a medida que pasaban las horas se fueron atando cabos hasta que los aportes de dos testigos terminaron por despejar el camino.

Los fiscales a cargo del caso, Juan Pablo Morales y Marcelo Sago, encontraron varios indicios claves y al cabo de una semana ya había cuatro detenidos y numerosas pruebas en la causa.

Personal de Investigaciones había realizado varios allanamientos domiciliarios en el barrio Eva Perón y sur de la Capital y el resultado fue que tres de los cuatro detenidos estaban muy complicados.


HORAS DE TENSIÓN

Adrián Nieva, Franco Vega y Julio “Negro” Oliva, quedaron sindicados como los supuestos autores del asesinato de Murúa. Según comentaron voceros de la investigación, las detenciones surgieron a raíz de una serie de tareas llevadas a cabo por el personal que les permitió armar “el rompecabezas”, siendo de gran importancia el video de la cámara de seguridad de un domicilio lindante al de la víctima.

Además de la detención de los tres sospechosos, la policía se llevó de sus domicilios una motocicleta y prendas de vestir que supuestamente usaron el día del crimen y otros elementos que le habrían sido sustraídos a Murúa del interior de su camioneta luego de asesinarlo.

Los individuos fueron trasladados a la División Investigaciones de calle Tucumán, donde quedaron a disposición de la Justicia. El 19 de noviembre familiares de uno de los detenidos se presentaron en la delegación policial insistiendo por la inocencia de Vega.

En horas de la tarde, luego de las indagatorias en la fiscalía de calle Junín al 600, los familiares apedrearon el móvil policial que retiraba a los sospechosos del edificio, por lo que debieron concurrir otras patrullas en apoyo.

Posteriormente, un cuarto sospechoso fue detenido por la policía. Era Iván Roldán, quien fue sometido por disposición del fiscal Juan Pablo Morales a una rueda de reconocimiento. Allí, un testigo reconoció a Roldán como una de las personas que actuó en el homicidio de Murúa.

A medida que siguió la etapa de instrucción, y tras conseguir el testimonio de un testigo protegido, Franco Vega fue despegado de la causa mientras que los otros tres quedaron comprometidos.


A JUICIO

Finalmente, casi un año después del crimen se sentaron frente a los jueces de la Cámara en lo Criminal de Segunda Nominación los tres imputados. Durante el debate llegó el día que declaró uno de los testigos claves.

Pese a que fue amenazado varias veces de muerte y debió abandonar su vivienda un mes después del asesinato de Murúa, con protección policial y en medio de un fuerte operativo montado para certificar su seguridad, declaró Juan Carlos Mejías.

Mejías contó que en noviembre de 2011 él era pareja de una mujer de apellido Gordillo y que tanto Roldán, Nieva y Oliva, quien estaba en pareja con una de las hijas de su pareja, frecuentaban la vivienda donde vivía. Fue en ese contexto en donde escuchó y observó los movimientos nerviosos de los imputados los días subsiguientes al asesinato.

Mejías relató además que a una prima suya los imputados le habrían pedido que mienta y asegure que ellos estuvieron esa tarde y noche en una fiesta de comunión que se desarrollaba en el barrio Villa Eumelia, el 12 de noviembre. También contó que Murúa era conocido en el lugar porque siempre iba a cobrar a una verdulería que estaba ubicada en las inmediaciones.

El testigo habría visto además el arma blanca con la que Oliva y Roldán habrían herido a Orlando González durante una pelea que sostuvieron en inmediaciones del citado barrio, previa al asesinato del feriante.

Según estableció el fiscal, el 13 de noviembre alrededor de las 3 de la mañana, Murúa estacionó su camioneta en el garaje de su vivienda, en Perú antes de llegar a Sarmiento. Allí Oliva y Roldán lo interceptaron desde atrás y amenazándolo con un arma de fuego le exigieron que les entregara el dinero que aparentemente tenía.

Como Murúa se habría resistido, le realizaron un disparo y huyeron a bordo de una moto en la que lo esperaban dos cómplices. Uno de ellos, Adrián “Masita” Nieva, y un cuarto que finalmente no fue identificado en la instrucción.


CONDENA

El fiscal Gustavo Bergesio solicitó prisión perpetua para Julio César Oliva, Gabriel Iván Roldán y Adrián “Masita” Nieva, imputados los dos primeros por el delito de homicidio en calidad de coautores y el tercero como partícipe necesario.

Bergesio fundamentó el pedido, además de lo que quedó expuesto en el debate, en los últimos testimonios introducidos en el debate cuando finalmente se dio lectura a la declaración de Roxana Díaz, una joven de 29 años que en jornadas previas al juicio se presentó para dar a conocer su decisión de abstenerse de declarar, aduciendo que temía por su vida y que había sido amenazada.

La joven manifestó en la etapa de instrucción que había sido una de las invitadas a la comunión a la que asistieron los sospechados y en esa oportunidad los escuchó dialogando entre sí sobre “el viejo Murúa” y comentando que habían llevado a cabo un robo y que “se les había ido la mano”, disparándole en la cara. “El viejo los bardeó y por eso le dispararon” dijo.

A su turno, los representantes de los imputados coincidieron en pedir la absolución de cada uno de ellos por falta de elementos probatorios que indiquen la autoría de los hechos; y especialmente el abogado Luis Armando Gandini, defensor de Nieva, puso en duda la veracidad de los dichos de Roxana Díaz.

La mujer de Julio Oliva, Yolanda Gordillo, acompañada por familiares y amigos del joven y de los otros imputados, manifestó su disconformidad por la manera en la que se desarrolló el juicio.

Finalmente, el tribunal de la Cámara Penal Nº2 dictó el 6 de diciembre de 2012 su sentencia tras un extenso proceso. El veredicto, leído tras horas de deliberación, dejó en claro varias circunstancias. Los jueces Bustamante, Álvarez Morales y Guillamondegui entendieron que el caso se encuadraba en la figura de un homicidio en ocasión de robo que acarreó penas menos severas para los acusados.

De esta manera Julio César “Negrito” Oliva fue condenado a purgar una pena de 19 años, Iván “Ivi” Roldán a 21 años de prisión; ambos considerados por los jueces como coautores del asesinato de Murúa.

Elio “Masita” Nieva, según la interpretación de los magistrados, fue el partícipe necesario del delito, ya que condujo el vehículo con el que los otros dos criminales se dieron a la fuga y le aplicaron 13 años.

De esta manera “Pancho” Murúa pagó con su vida la temible ambición de tres delincuentes que actuaron a sangre fría y sin escrúpulos, por un puñado de dinero. Afortunadamente, la justicia actuó a tiempo y el crimen no quedó impune.


Publicada en la Revista Criterio New – Edición XXV

 

 

 

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