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Las expectativas cambiaron y la liquidez también. El contexto político y social frente al año electoral dificulta el objetivo de anclar el dólar en 1.500 pesos.

Días atrás el mercado financiero registró una tendencia ascendente de las tasas de interés que fue vinculada a cambios en las expectativas de mediano plazo, sobre todo de más inflación, y al manejo oficial de la liquidez que presionó sobre las tasas de corto plazo.

No hay que soslayar que el Banco Central (BCRA) comenzó su programa de fases regulando el tipo de cambio para alinear expectativas, que luego mudó hacia una política de bandas cambiarias y control de la cantidad de dinero, para en algún momento migrar hacia objetivos de inflación y regulación de las tasas.

El BCRA, en una fase intermedia, regula la cantidad de dinero, pero persiguiendo varios objetivos: bajar la inflación, quitar volatilidad a la tasa y evitar shocks cambiarios. Sin duda algo muy desafiante, sobre todo, con una sola herramienta.

Por eso ahora está en lo que se llamaría una fase de sintonía fina, ya que resulta complicado alcanzar todos los objetivos simultáneamente. Una especie de manta corta.

Prioridad el dólar

Por lo visto en las últimas jornadas el Gobierno ha priorizado sostener el tipo de cambio -mayorista- en el umbral de $1.500, y luego bajar la inflación, alentar la oferta de dólares y la acumulación de reservas. Sin embargo, con el fin de lograr ese objetivo el BCRA desaceleró el ritmo de compra diario de reservas, pero a la vez también aspiró pesos del mercado.

Pero esto presionó sobre la liquidez diaria, cambiando la pendiente de la curva de pesos que llegó a aplanarse e inclusive hasta tener pendiente negativa, donde las tasas cortas superaban a las largas en ciertos plazos. El tema es que esto inyectó volatilidad en las tasas de interés.

Cabe recordar que en 2025 las tasas plantearon un doble reto: la fuerte suba de la tasa real derivó en un notorio incremento de la mora del sistema; y el aumento de la volatilidad alteró el comportamiento de los inversores que buscaron refugio y posiciones cortas.

Claro que, cuando eso sucede, lo que se produce es un aumento del “spread” entre las tasas pasivas y las activas y por ende se encarece el crédito. Eso es consecuencia del descalce que se produce entre la disponibilidad de fondeo corto (la gente que coloca dinero en caja de ahorro y a plazos fijos cortos) de mucha volatilidad que se debe aplicar a préstamos más largos y a tasa fija.

Lo cual hace que los bancos apliquen un “spread” mayor para compensar esa volatilidad y no caer en “spreads” negativos, pero eso genera tasas activas más caras y dificultad de los endeudados para no caer en mora.

Volatilidad

Desde abril pasado, el BCRA apuntó a bajar la volatilidad y lo venía más o menos logrando. Pero en las últimas semanas esa volatilidad empezó a regresar, en menor escala que en 2025 pero con mayor frecuencia. Así la tasa de “call money” llegó a casi 28% y la tasa de caución a más del 30% nominal anual.

Sin duda es una señal negativa para el crédito que sigue en un proceso delicado de tratar de recuperar a deudores que han caído en los últimos 12 meses en mora. Peso eso es muy difícil de lograr si las tasas activas siguen altas, porque inclusive hasta las refinanciaciones son difíciles de sostener.

Por lo visto en los últimos treinta días, los depósitos siguen creciendo, pero el crédito no. Claro que el accionar del Tesoro vía licitaciones de deuda en pesos no hace otra cosa que aspirar pesos del mercado. Los analistas no ven, en el corto plazo, que mejore la liquidez, tanto por el crecimiento de los depósitos como por la compra de divisas del BCRA. Todo dependerá de lo que hagan el Tesoro y el BCRA.

Entonces, si el Gobierno quiere bajar las tasas y bajar la volatilidad de algún lado debe aparecer la liquidez, pero si a la vez desea controlar el dólar y bajar la inflación, debe restringir la liquidez. El perro que se corre la cola. De ahí la sintonía fina.

En este marco para los analistas de MegaQM, es posible que las tasas sigan teniendo algo de volatilidad, la tasa de interés de mediano y largo plazo se mantengan algo presionadas, en especial entrando en la ventana de los 12 meses electorales y que, por lo tanto, el tipo de cambio deba dejarse deslizar gradualmente para evitar que acumule presión y afecte expectativas o se deslice a un ritmo mayor que la tasa de interés y eso revierte factores estratégicos de oferta neta de dólares financieros.

Alternativas

¿Qué alternativas quedan para reactivar sin presionar sobre el dólar? O sea, qué caminos alternativos hay para mejorar la liquidez y potenciar la actividad sin generar presión sobre el tipo de cambio. Ante ese desafío, el camino elegido ha sido aumentar el volumen de transacciones en moneda extranjera.

Otra vez, el equipo económico parece apostar por atraer dólares al sistema financiero y ampliar la base de empresas que puedan financiarse en dólares a tasas reales más bajas y que no les quiten sustentabilidad a sus negocios. Detrás está la apuesta a que se agote rápidamente la capacidad prestable en dólares de los bancos y que estos salgan a captar nuevos fondos, ofreciendo tasas más altas para los depósitos en dólares (argendólares), con la mira puesta en los famosos dólares del colchón o de las cajas de seguridad.

Para MegaQM el desafío de las próximas semanas es lograr un equilibrio entre las tasas en pesos, el tipo de cambio y el mundo dólar, para bajar las tasas activas, hacer crecer al crédito, potenciar el nivel de actividad y evitar presiones excesivas sobre el tipo de cambio. Sin duda un reto complejo que puede requerir más herramientas de las que hoy se utilizan.