La declaración de la independencia buscó formalizar la ruptura con España en un contexto de amenaza de Fernando VII y de presión de San Martín para impulsar su campaña

El Congreso de 1816 tuvo 18 abogados, 12 sacerdotes o frailes y 3 militares entre sus 33 miembros.
Suele decirse que la independencia fue declarada por el Congreso de Tucumán. Pues no es cierto: no fue el Congreso de la provincia de Tucumán el que realizó tal epopeya, sino el Congreso de la Nación que, el 24 de marzo de 1816, inició sus sesiones en Tucumán.
Por cierto, en 1816 Tucumán no era una provincia, sino que formaba parte, junto con Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca y la actual provincia de Tarija en Bolivia, de la gobernación-intendencia de Salta (una de las ocho gobernaciones-intendencias con las que, treinta y seis años antes, Carlos III había dividido al entonces Virreinato del Río de la Plata).
En el mes de abril del año 1815, se había disuelto la históricamente conocida Asamblea del Año XIII, que hasta entonces funcionaba como una suerte de Poder Legislativo, acompañando al entonces Poder Ejecutivo, encarnado en la figura del Director Supremo. Era por eso que se tornaba necesario formar un nuevo Congreso en reemplazo de esa histórica Asamblea.
Teniendo en cuenta que en ese momento existía una seria disputa entre las autoridades centrales y el interior, el gobierno nacional decidió que ese Congreso se constituyera en Tucumán, ciudad que, por su ubicación geográfica, ofrecía la ventaja de estar lejos de las fronteras, y por lo tanto a resguardo de los ataques de los realistas. Así fue, entonces, que el llamado Congreso de Tucumán, que no era otra cosa que el Congreso de la Nación instalado en Tucumán, comenzó a recibir a sus integrantes, iniciando sus sesiones el 24 de marzo de 1816.
En total fueron elegidos treinta y tres representantes de los pueblos de las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata, a razón de uno por cada quince mil habitantes. Fue así que llegaron siete por Buenos Aires, cuatro por Córdoba, tres por Salta, tres por Charcas, dos por Catamarca, dos por Santiago del Estero, dos por Tucumán, dos por San Juan, dos por Mendoza, dos por Chichas, uno por Jujuy, uno por La Rioja, uno por Mizque y uno por San Luis.
El Congreso de Tucumán fue en 1816 el Congreso de la Nación reunido en Tucumán y no un congreso de la provincia de Tucumán
La entonces Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe, no enviaron sus representantes porque estaban en guerra con el Gobierno Nacional.
De los treinta y tres miembros de ese Congreso, había dieciocho abogados (el 55 %), doce sacerdotes o frailes (36 %) y tres eran militares (9 %).
Es cierto que la creación del Congreso era necesaria para reconstituir al órgano legislativo que había desaparecido con la disolución de la Asamblea del Año XIII, pero la realidad era que en ese momento se lo creó con un objetivo claro y concreto: declarar formalmente la independencia. Y en el contexto de las circunstancias políticas imperantes, ello implicaba un serio riesgo, incluso para la vida de los congresistas que ejecutaran semejante decisión. Es por ello que podría calificarse, a la declaración de la independencia de nuestro país, como un verdadero acto de valentía.
Ocurre que, en 1816, la novel Argentina (aún sin que en ese entonces fuera su nombre oficial), no pasaba un buen momento. El rey Fernando VII había recuperado el trono de España y se disponía a sofocar la rebeldía de los insurrectos en sus dominios de América, para lo cual había enviado una expedición de treinta mil hombres encabezada por Pablo Morillo, quien por entonces derrotaba a los insurgentes en Venezuela y Ecuador, y dejaba las manos libres a los realistas de Perú para aplastar cualquier movimiento rebelde en ese territorio y en los de los actuales Bolivia, Chile y Argentina.
Pues para intentar revertir esta realidad y contrarrestar el avance español, San Martín organizaba, contra reloj, al Ejército de los Andes, motivo por el cual era tan importante dar un impulso a la desvinculación con España y permitir que San Martín iniciara su campaña como jefe de un país independiente, y no como un insurgente rebelde que pretendía apropiarse de lo que no le correspondía. Fue por eso que el Libertador presionaba tanto a los congresistas reunidos en Tucumán, para que declararan la independencia.
En ese marco, una de las primeras medidas del histórico Congreso fue designar a Juan Martín de Pueyrredón como nuevo director supremo.
Además, se decidió que la presidencia del Congreso fuera mensualmente rotativa entre sus miembros, siendo designado, como primer presidente, el diputado Pedro Medrano, a quien le tocó presidirlo entre su inauguración y durante todo el mes de abril de 1816. En el mes de mayo la presidencia del Congreso la ejerció Pedro Ignacio Castro Barros, en junio Teodoro Sánchez de Bustamante, y en julio, mes en el que se declaró la independencia, le tocó el honor de presidir al honorable Congreso a Francisco Narciso Laprida. El 9 de julio de 1816 se logró el magnífico objetivo.
El Congreso Nacional reunido en Tucumán siguió sesionando en dicha ciudad, hasta que en el mes de febrero de 1817 se trasladó a la ciudad de Buenos Aires para continuar allí sus tareas como órgano legislativo del Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón.
Con el correr de los años diferentes países del mundo fueron reconociendo la independencia de la Argentina. El primero en hacerlo fue Hawai en 1818, luego lo hicieron Portugal en 1821, EEUU en 1822 e Inglaterra en 1823.
La Casa Histórica de Tucumán en Catamarca, fue el 9 de Julio de 2016 en el Bicentenario de la independencia
Se inauguraba una réplica de la Casa de Tucumán, la magnífica obra arquitectónica extraordinaria, ideada y ejecutada por el periodista José Alsina Alcobért y sus hijos Marcelo y Emmanuel en el Paseo de la Fe.- eldiariodecatamarca.com

El periodista José Alsina Alcobért autor de la magnífica obra
El 9 de Julio de 2016 se celebró en la Argentina el Bicentenario de la Independencia. Ese día la entonces gobernadora Lucía Corpacci, junto al ministro Daniel Gutiérrez dejaban inaugurada una obra arquitectónica extraordinaria ideada y ejecutada por el periodista José Alsina Alcobért y sus hijos Marcelo y Emmanuel y un valioso equipo de técnicos, la réplica de la histórica Casa de Tucumán donde se juró la independencia en el Paseo de la Fe, frente a la Catedral Basílica de Catamarca.

La obra se completó con un libro realizado en Bronce, Cobre y Mármol, con la leyenda del Acta histórica de 1816 más el acta de 2016 escrita por el propio José Alsina Alcobért.



Ellas también hicieron historia: el rol clave de las mujeres que sostuvieron la Independencia argentina
Entre tertulias, redes de apoyo, tareas de cuidado y hasta participación en combates, miles de mujeres formaron parte activa del proceso revolucionario. Sin embargo, su participación quedó por muchos años en segundo plano.

El rol de las mujeres en la Independencia argentina. (Foto: Argentina.gob.ar)
Cuando se habla de la Independencia argentina, los nombres que primero aparecen suelen ser los de José de San Martín, Manuel Belgrano y los diputados que declararon la Independencia el 9 de julio de 1816. Sin embargo, la revolución también se sostuvo gracias al trabajo de miles de mujeres que reunieron recursos, organizaron redes de información, cuidaron a los soldados, hicieron tareas de espionaje e incluso participaron en los combates. Durante mucho tiempo, ese aporte quedó prácticamente fuera del relato histórico.
Dos especialistas coincidieron en que las mujeres nunca estuvieron ausentes del proceso independentista. Lo que faltó fue una forma distinta de mirar el pasado. “Por mucho tiempo predominó una mirada androcéntrica, basada en el protagonismo masculino. No es que solo participaron varones, sino que la historiografía ni siquiera se hacía preguntas sobre las mujeres”, señaló la licenciada en Historia Florencia “Pupina” Plomer.
Para la historiadora y docente Catalina Cabana, esa ausencia también tiene relación con quiénes escribieron la historia durante muchos años. “Los que firmaron el Acta de la Independencia eran varones, pero nadie se preguntaba qué estaban haciendo las mujeres en ese mismo momento”. Según relató, recién en los últimos 20 o 30 años comenzaron a consolidarse investigaciones que buscaron recuperar esas historias.
Cómo participaron las mujeres en la revolución
No todas las mujeres vivieron la revolución de la misma manera. Su participación dependió de la clase social, del lugar en el que vivían y de las posibilidades que tenían dentro de una sociedad que les imponía fuertes límites. “No era lo mismo la realidad de una mujer de un sector rural que la de una mujer de la aristocracia porteña”, explicó Plomer. “Cada una, desde su lugar, formó parte de la Independencia”, agregó.
Las mujeres de las familias más acomodadas organizaban tertulias donde circulaban ideas políticas, conseguían dinero, ropa y alimentos para los ejércitos y tejían alianzas con otros referentes de la revolución. En cambio, muchas mujeres de los sectores populares mantenían en funcionamiento las estancias y los comercios, sostenían a sus familias y acompañaban a las tropas como cocineras, enfermeras, lavanderas, espías o combatientes.
Mariquita Sánchez de Thompson, figura clave de la vida social y política del Buenos Aires colonial, vinculada a la causa revolucionaria. (Foto: Argentina.gob.ar)
Cabana remarcó que el sostén cotidiano fue tan importante como las batallas. “Había que conseguir comida, caballos, armas y lugares donde dormir. La gestión de recursos era fundamental porque sin eso era imposible sostener el movimiento revolucionario”, explicó. En la misma línea, Plomer destacó el valor de las tareas de cuidado: “Las mujeres sostuvieron los ejércitos y también los espacios productivos y los hogares mientras muchos hombres iban a pelear”.
Esa participación convivía con una sociedad que les reconocía pocos derechos. Las mujeres tenían escasa autonomía legal y muchas decisiones importantes, como el matrimonio, dependían de sus familias. “No eran reconocidas como adultas plenas”, explicó Cabana. Como ejemplo mencionó el caso de Mariquita Sánchez de Thompson, que logró casarse con la persona que había elegido después de enfrentarse a la decisión de sus padres, algo poco habitual para la época.
Los nombres que quedaron en el anonimato
Algunas mujeres lograron atravesar el paso del tiempo y hoy son parte de la memoria colectiva. María Remedios del Valle peleó junto al Ejército del Norte y fue reconocida por Belgrano por su valentía. Juana Azurduy comandó tropas en el Alto Perú. Macacha Güemes organizó tareas de espionaje, logística y negociación política. Sánchez de Thompson convirtió su casa en un espacio donde circulaban ideas y estrategias para la causa revolucionaria.
Sin embargo, las historiadoras advierten que esos nombres representan apenas una parte de la historia. “Yo trato de evitar caer solo en las figuras más conocidas porque hubo muchísimas mujeres anónimas que participaron y cuyos nombres nunca vamos a conocer. No quedaron registrados en los documentos de la época”, explicó Plomer.
Para Cabana, el problema de fondo es la forma en que se construyó el relato histórico. “Detrás de San Martín, Belgrano o Güemes hubo un pueblo entero acompañando, y entre ese pueblo había muchísimas mujeres, de las cuales, poco conocemos”, afirmó.
En esa línea, Plomer remarcó que la Independencia no puede explicarse solo desde los grandes nombres. “La historia fue colectiva. No puede reducirse a unos pocos protagonistas masculinos”, sostuvo, y agregó que reconocer ese aporte también permite revalorizar tareas que durante mucho tiempo fueron consideradas secundarias o invisibles.
Una historia colectiva que recién empieza a reconstruirse
Recuperar el lugar que tuvieron las mujeres en la Independencia no implica solo sumar nombres a la historia oficial. También permite entender que el proceso revolucionario dependió de mucho más que decisiones militares o políticas.
Aun así, reconstruir esas historias no es sencillo. La mayoría de las mujeres de la época no dejó cartas ni documentos propios, lo que limita las fuentes disponibles. “No contamos con tanto material como en el caso de los hombres. Con las fuentes que tenemos hay que cambiar las preguntas”, explicó Cabana.

La casa de Mariquita Sánchez de Thompson fue un espacio donde circularon ideas y estrategias clave para la causa revolucionaria. (Foto: Instituto Nacional Sanmartiniano)
La recuperación de estas perspectivas comenzó a consolidarse recién desde la década de 1980 y tomó mayor impulso en los últimos 20 o 30 años, cuando los estudios de género permitieron volver a los mismos documentos históricos con nuevas preguntas y enfoques sobre el rol de las mujeres.
Para las especialistas, ese sigue siendo el principal desafío: entender que detrás de los nombres que llegaron a los libros hubo miles de mujeres que sostuvieron la vida cotidiana, organizaron recursos y formaron parte de un proceso colectivo que cambió la historia argentina.
