Yaacob Harary, quien compartió celda con el gendarme catamarqueño, brindó detalles de la detención del argentino en Venezuela. Denunció falta de luz, comida deficiente y una fuerte presión psicológica.- eldiariodecatamarca.com

Yaacob Harary contó sobre los 15 meses y tres días que pasó detenido en la cárcel El Rodeo I, en Venezuela, bajo el régimen de Nicolás Maduro. Arquitecto y productor de alimentos, de 71 años, asegura haber salido "más sensible" y con secuelas físicas severas, especialmente en los pulmones, producto de las condiciones de encierro. Durante parte de su cautiverio compartió pabellón y celda con el gendarme catamarqueño Nahuel Gallo, a quien describe como físicamente fuerte, pero profundamente afectado en lo anímico.
"Lo único que le interesaba era mantenerse activo, correr, hacer ejercicio", recordó. Cuando podían salir al patio, Gallo corría o jugaba al básquet. También habló reiteradamente de su esposa y de su hijo, con el deseo constante de salir y reencontrarse con su familia. Harary asegura que fue el único preso al que filmaban de manera regular mientras le entregaban la comida, lo que él interpretó como pruebas de vida solicitadas desde el exterior.
Harary fue detenido el 8 de octubre de 2024 cuando ingresó a Venezuela desde Arauca, Colombia, junto a su socio venezolano Douglas Javier Ochoa, de 44 años, quien continúa preso. Ambos habían llegado con la intención de instalar una fábrica de productos lácteos, similar a una que Harary tenía en Panamá
Las condiciones de detención, según describe, eran extremas: celdas de poco más de un metro y medio por cuatro, sin luz ni agua corriente, con una letrina en el piso y una cama de cemento con una colchoneta mínima. El lugar estaba infestado de insectos y el agua potable debía racionarse para todo el día. Harary asegura haber sufrido diarrea durante meses, crisis respiratorias sin atención adecuada y exámenes médicos falsos, cuyos resultados nunca fueron analizados.
La alimentación, señala, era deficiente y repetitiva, basada en arepas, arroz bañado en aceite y porciones mínimas de proteínas, lo que le generó problemas gastrointestinales severos. Aun así, remarca que lo más grave no fue el maltrato físico, sino el psicológico: la incertidumbre permanente, la despersonalización y la sensación de ser reducido a un número.
Pese a que al ser excarcelado le impusieron restricciones para hablar con la prensa, Harary decidió contar su historia con un objetivo claro: visibilizar la situación de quienes siguen detenidos. "Hablo por Nahuel Gallo, por mi socio Ochoa y por todos los que todavía están ahí. Hay gente que está perdiendo la cabeza"

