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Un estudio reveló que los jóvenes mantienen romances secretos con chatbots. ¿El tercero virtual es una fantasía privada o una nueva forma de traición?

El tercero en discordia no tiene cuerpo, no trabaja en la misma oficina ni deja rastros de perfume. Vive dentro de un teléfono, responde a cualquier hora y puede adoptar la personalidad que el usuario desee. Escucha, halaga, acompaña y hasta participa de conversaciones sexuales. Es una inteligencia artificial, pero el vínculo que algunas personas construyen con ella puede sentirse muy real.

La aparición de los chatbots diseñados para simular noviazgos comenzó a generar una pregunta que hasta hace pocos años habría parecido propia de una película: ¿es posible serle infiel a una pareja con alguien que no existe?

El debate ya no pertenece únicamente a la ciencia ficción. Investigaciones recientes advierten que algunos usuarios mantienen relaciones emocionales o sexuales con compañeros creados mediante inteligencia artificial y, en ciertos casos, deciden ocultárselas a sus parejas.

Los “amantes” creados a medida

A diferencia de un asistente virtual utilizado para trabajar, estudiar o resolver una consulta, los llamados compañeros de inteligencia artificial están diseñados para imitar una relación. El usuario puede elegir su apariencia, su personalidad y el tipo de vínculo que quiere mantener: una amistad, un noviazgo o una conexión sexual.

Un informe publicado en mayo de 2026 encuestó a 2.431 personas de entre 18 y 30 años en Estados Unidos. El 15% de quienes estaban de novios, comprometidos o casados aseguró que interactuaba regularmente con un chatbot que simulaba ser una pareja romántica.

Entre un 20% y un 30% afirmó que había probado alguna vez este tipo de vínculo. Los resultados corresponden a jóvenes estadounidenses y no pueden trasladarse directamente a la realidad argentina, pero muestran un comportamiento que comienza a ganar espacio.

La investigación también detectó que muchos usuarios ocultaban, al menos parcialmente, esas conversaciones. Algunos evitaban hablar del tema por vergüenza; otros, porque intuían que su pareja no aprobaría el contenido de los intercambios.

¿Puede existir una traición sin otra persona?

Quienes rechazan la idea de una infidelidad con inteligencia artificial presentan un argumento evidente: del otro lado no existe una persona capaz de enamorarse, desear o tomar decisiones. El chatbot genera respuestas a partir de un sistema informático y no posee sentimientos ni conciencia.

Sin embargo, el conflicto no necesariamente está en lo que siente la máquina, sino en lo que hace el usuario y en aquello que decide ocultar.

Una encuesta difundida por el Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana encontró que el 61% de los solteros consultados consideraba una infidelidad enamorarse de una inteligencia artificial o mantener conversaciones sexuales con ella.

Para algunas personas, hablar ocasionalmente con un personaje virtual forma parte de una fantasía privada. Para otras, el límite se cruza cuando aparece el deseo, se comparten secretos, se borran conversaciones o el vínculo artificial comienza a ocupar el lugar emocional y sexual de la pareja.

No es lo mismo pedirle un consejo sentimental a una herramienta de IA que crear un novio o una novia virtual, conversar a diario y esconder esa relación. La diferencia puede estar en la intención, el grado de intimidad y los acuerdos establecidos dentro de cada pareja.

Por qué alguien puede enamorarse de un chatbot

Los compañeros virtuales ofrecen una combinación difícil de encontrar en las relaciones humanas: disponibilidad permanente, respuestas personalizadas y ausencia de rechazo. No se cansan de escuchar, no tienen necesidades propias y suelen contestar de una manera complaciente. Esa experiencia puede generar una sensación de intimidad, aunque la reciprocidad sea una simulación.

Una investigación difundida por la Universidad de Stanford analizó a 1.131 usuarios de una plataforma de compañeros virtuales. Aunque menos del 12% indicó inicialmente que buscaba compañía, más de la mitad describió luego al chatbot como un amigo, un compañero o una pareja romántica.

El estudio también encontró una relación entre el uso intensivo de estos sistemas y un menor bienestar entre quienes tenían redes sociales reducidas fuera de internet. No permite asegurar que la inteligencia artificial sea la causa de la soledad, pero plantea el riesgo de que la compañía virtual termine reemplazando vínculos humanos en lugar de complementarlos.

Algo similar ocurre con las parejas. El informe sobre “almas gemelas secretas” halló una asociación entre el uso de compañeros románticos artificiales, una comunicación de menor calidad y una menor estabilidad en las relaciones reales. Los propios investigadores aclararon que todavía no se sabe qué ocurre primero: si las personas buscan una IA porque su relación atraviesa problemas o si el vínculo artificial contribuye al distanciamiento.

La conversación que las parejas todavía no tuvieron

Hasta hace poco, los acuerdos de fidelidad podían contemplar besos, encuentros sexuales, exparejas o mensajes con otras personas. La inteligencia artificial incorpora una posibilidad para la que muchas parejas todavía no tienen reglas.

¿Crear un personaje romántico es comparable con mirar una película erótica? ¿Mantener conversaciones sexuales con un chatbot equivale al sexting? ¿Es necesario contarle a la pareja que existe ese vínculo?

No hay una respuesta universal. Cada relación establece sus propios límites y aquello que para algunos resulta inofensivo puede representar una traición para otros.

El nuevo tercero en discordia no siente celos, no reclama exclusividad y ni siquiera sabe que participa de una relación clandestina. Pero puede recibir tiempo, deseo y confidencias que antes pertenecían a la pareja.