La tendencia hacia sociedades más longevas marca un cambio: habrá más ancianos y menos niños en el futuro. Los cambios en la crianza y en las familias impulsan reformular políticas y actualizar debates. Infobae entrevistó a un demógrafo y a una funcionaria de Naciones Unidas

El mundo enfrenta un descenso histórico de la natalidad y de la fecundidad. Las razones son multicausales y, en Argentina, el promedio de hijos por mujer cayó más de un 40% en la última década, alineando al país con patrones demográficos de Europa occidental.

Los hogares sin hijos ya son mayoría. ¿Cómo serán las ciudades del futuro con el efecto de la longevidad como eje transversal y paradojal?

Estos fenómenos imponen desafíos urgentes sobre el futuro del mercado laboral, la sostenibilidad de los sistemas de previsión social y de la salud pública; y la necesidad de reformular políticas públicas para adaptarlas a las nuevas realidades demográficas.

“El cambio en el equilibrio de las poblaciones es innegable en el mundo entero”, afirmó a Infobae, Susana Sottoli, directora regional para América Latina y el Caribe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) desde la Ciudad de Panamá, y subrayó la magnitud de la transformación: “En 1950, el promedio era de cinco hijos por mujer, y para 2025, apenas llega a dos hijos por mujer”.

Desde su perspectiva, Sottoli analiza el tema en América Latina, que actualmente atraviesa una crisis en la libertad reproductiva: “Hay una brecha entre el deseo de tener más hijos y la realidad. La mayoría de las parejas hubiera querido tener más hijos. Es decir, no han podido ejercer plenamente la libertad reproductiva”.

Una clave, baja el embarazo adolescente

Sottoli destacó un tema que atraviesa la crisis de la natalidad en el mundo y que considera positivo: la disminución en los embarazos adolescentes, de 15 a 24 años: “En el caso argentino bajó un 60%”. Sin embargo, Sottoli señaló que muchas mujeres asocian la dificultad para ampliar la familia a condiciones económicas y laborales precarias en las que viven, junto con la falta de acceso a servicios de cuidados y de salud.

Si bien la baja del embarazo adolescente es una realidd de la región, hay que decir también, que se trata de un descenso lento, especialmente en América Latina.

“Cada vez es más difícil decidir cuándo y cuantos hijos tener. Persisten problemas para acceder a buenos cuidados y a la salud, sobre todo para las mujeres”, afirmó la funcionaria de las Naciones Unidas. Advirtió también sobre políticas coercitivas sobre la natalidad: “En algunos países se proponen políticas coercitivas, como lo hizo Japón, China y varias naciones europeas, para desalentar tener varios hijos. Una clara violación de los derechos reproductivos de las personas”.

Un demógrafo en mi sopa

El economista (UBA) y demógrafo Rafael Rofman subrayó el papel paradojal de la longevidad y de la baja natalidad en la agenda global: “En los últimos 15 o 20 años aprendimos que vamos a asistir a sociedades más longevas debido a diversos factores. La baja natalidad influye, pero más aún, la extensión de la vida gracias a los avances médico-científicos”.

Rofman explicó que la disminución de la natalidad no es reciente: “Estamos, sin ninguna duda, en las tasas de natalidad más bajas de la historia. Es un proceso que comenzó hace unos 200 o 300 años con la Revolución Francesa. Hoy, salvo algunos grupos religiosos o poblaciones muy vulnerables, la ‘fecundidad natural’ —siete u ocho hijos por mujer— casi ha desaparecido”.

Rofman es Magister en demografía social y doctor en demografía de la Universidad de California, e Investigador principal en el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la equidad y el crecimiento (CIPPEC).

¿Cómo resolvemos esta idea del siglo XXI que nos propone sociedades cada vez más longevas, y hay muchos deberes que las sociedades no estamos haciendo? En salud pública tenemos índices malos, obesidad, hipertensión, las ciudades no son amigables, los sistemas previsionales están en el siglo XV y la gente sigue siendo expulsada del mercado laboral a los 60 años. ¿Cómo empezamos a desanudar este ovillo?

―Rafael Rofman: Cuando hablamos de qué pasa con la expectativa de vida (mortalidad) y la longevidad (inmortalidad), lo que estamos siempre discutiendo son dos procesos, que están muy unidos, pero que no son los mismos. Uno es entender cuán longevos podemos llegar a ser, hasta dónde podemos vivir, cuál es el límite de la vida humana. Y otra es, qué hacemos, qué podemos hacer, cuán exitosos somos en lograr que la enorme mayoría de nosotros, de los humanos, vivamos hasta cualquiera sea ese límite, si existe.

Una cosa es que haya gente que está investigando con biología molecular y otras técnicas que, la verdad, yo no termino de entender, pero están tratando de encontrar la forma de que podamos vivir 110, 120, 130 o hasta 150 años. Pero otra cuestión distinta es cómo hacemos para llegar a la edad que lleguemos y no morirnos antes, o sea, cómo lograr llegar bien hasta esa edad.

Al analizar las causas de la baja en la natalidad, el demógrafo pidió no caer en explicaciones simplistas: “Lo primero que ocurrió fue que la sociedad progresó y se modernizó. Nuestras tatarabuelas tenían siete hijos porque era lo natural, la mitad no sobrevivía a los cinco años. Vivían en comunidades amplias, con mucha ayuda interna, y la inversión en cada hijo en términos de educación y tiempo era baja”.

Rofman relató cómo el desarrollo urbano, la educación masiva y la reivindicación de los derechos de niños y mujeres transformaron aquel paradigma: “Ahora la idea de tener siete hijos resulta extraña. Quienes lo deciden, lo hacen porque quieren, no por mandato social. La crianza ahora exige más: ‘Queremos que nuestros hijos sean cada vez mejores y la única manera es teniendo menos hijos’. Es una búsqueda de calidad y atención dedicada”.

Estas decisiones personales se acompañan de transformaciones estructurales: “Se derrumbaron los mandatos sociales. Hoy la gente hace lo que desea y eso se refleja en una fecundidad que oscila entre uno, uno y medio, o dos hijos por mujer, según el país. Esto implica sociedades estables o levemente declinantes en población. La gran diferencia es que la edad promedio sigue aumentando: seremos más viejos”.

Argentina y su transformación demográfica

La transformación demográfica de Argentina es notable en la región, tanto por su velocidad como por su alcance. Rofman precisó: “En 1900, el promedio era de siete hijos por mujer, para 1950 ese promedio bajó a 3,5”.

Aunque otros países latinoamericanos progresaron antes en la transición demográfica, “entre 2014 y 2023, la Argentina vivió un descenso de la fecundidad inédito: en diez años, cayó más de 40% la cantidad de hijos que tiene en promedio cada argentino”.

Este descenso fue especialmente intenso entre adolescentes y mujeres con menor nivel educativo: “La fecundidad adolescente bajó 70%”, apuntó, y aclaró que este descenso fue positivo porque “se dio especialmente entre mujeres más vulnerables, lo que les abre nuevas posibilidades”. En las mujeres con más edad o educación, la caída fue menos marcada, pero también significativa.

El fenómeno no se debe principalmente a la ley del aborto, aclaró Rofman: “Aun en países donde el aborto tiene una incidencia muy baja, el número de hijos igual es bajo: no es que no hay nacimientos porque hay muchos abortos”. Destacó, en cambio, el elevado costo temporal y emocional que demanda un hijo: “Nuestra demanda por ‘calidad’ de niños sube más rápido que cualquier otra cosa”.

Para Rofman, el desafío central no radica en restablecer altas tasas de natalidad, sino en rediseñar las instituciones: “Lo que tenemos que hacer no es cambiar la natalidad, sino adaptar las instituciones y las reglas a una sociedad distinta. Requiere tomar decisiones poco populares, pero necesarias”.

Tratamientos de fertilización asistida y licencias laborales

En este sentido, Argentina ha implementado políticas como la ampliación del acceso a tratamientos de fertilidad, aunque su impacto sobre la natalidad ha sido limitado dada la baja incidencia en el conjunto. “Lo importante es garantizar que la gente tenga el número de hijos que desea. Eso requiere buenos anticonceptivos, pero también un mejor sistema de apoyos para la crianza", destacó.

En cambio, remarcó, “hoy el sistema de licencias laborales es muy pobre: un padre apenas tiene dos días de licencia, y los sistemas de cuidado infantil son insuficientes. No basta con políticas individuales: la clave está en facilitar la vida a quienes desean criar hijos”.

La transformación demográfica también impacta en educación y previsión social. Rofman ejemplificó: “Hasta hace poco, en la Ciudad de Buenos Aires no alcanzaban las vacantes para el nivel inicial; ahora sobran. Hay menos chicos en las escuelas primarias, por lo que la urgencia ya no está en construir más aulas, sino en aprovechar el cambio para mejorar la educación”.

Bajo el lente de Elon Musk

El debate internacional sobre las consecuencias del descenso poblacional suele polarizarse con posturas como las de Elon Musk, quien advierte sobre un supuesto “colapso de la civilización” debido a la baja natalidad.

El demógrafo Rofman, sin embargo, consideró que los procesos demográficos son graduales: “No tiene sentido hablar de un colapso futuro. La población crece más rápido o más despacio; en ciertos momentos puede comenzar a disminuir, como en Japón o Corea, pero no se trata de un cambio brusco, no altera la vida de todos de forma inmediata. Las proyecciones de la ONU indican que la población mundial continuará creciendo durante varias décadas”.

Rofman distinguió entre tasa de natalidad y tasa de fecundidad, conceptos clave para interpretar los datos: “Cuando hablamos de natalidad, nos referimos a la cantidad de nacimientos respecto a la población total. La fecundidad se refiere a cuántos hijos tienen las mujeres en edad fértil. Para analizar la dinámica social conviene usar la tasa de fecundidad, que refleja mejor las tendencias”.