El telescopio Swift fue lanzado en 2004 y contribuyó a la elaboración de unos 7.000 artículos científicos.

El telescopio espacial Swift caerá sin control a la Tierra en las próximas semanas, después de casi 22 años de actividad dedicados al estudio de algunos de los fenómenos más energéticos del universo. La NASA confirmó que la mayor parte de la estructura se desintegrará al atravesar la atmósfera y consideró improbable que los fragmentos que sobrevivan provoquen daños.
El observatorio realizó su última supervisión el 20 de octubre, cuando orbitaba a menos de 275 kilómetros de altura. A esa distancia de la superficie terrestre, la resistencia del aire ya dificultaba que sus instrumentos mantuvieran una orientación estable hacia los objetos que estudiaban.
La agencia había confirmado en agosto que el regreso sería incontrolado. Desde entonces, la caída se considera inevitable, luego de que la NASA y la empresa estadounidense Katalyst Space descartaran una maniobra para elevar nuevamente la órbita del telescopio.
Dónde podrían caer los restos
Debido a la inclinación de su órbita respecto del ecuador, los fragmentos que sobrevivan al ingreso atmosférico podrían llegar a una franja que se extiende desde el centro de México hasta gran parte de Sudamérica, además de amplias zonas oceánicas. De esta forma, los restos también podrían caer en la Argentina.
La NASA señaló que la mayoría de los componentes se desintegrará por las condiciones extremas del reingreso. Sin embargo, algunas piezas podrían resistir el calor y alcanzar la superficie. La probabilidad de que esos restos causen lesiones o daños materiales es baja, según la evaluación de la agencia.
Una de las alternativas analizadas para evitar la caída era la intervención de LINK, una nave robótica de Katalyst Space lanzada en julio. El plan contemplaba capturar el observatorio y empujarlo hacia una órbita más alta. La iniciativa quedó descartada en agosto, por lo que no habrá una maniobra para recuperar el satélite.
Una misión que superó ampliamente su objetivo inicial
Swift fue lanzado en noviembre de 2004 con una duración prevista de dos años. Durante su trayectoria, observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma, considerados las explosiones más potentes del cosmos, y más de 1.400 supernovas.
Los datos recopilados por sus instrumentos contribuyeron a la elaboración de unos 7.000 artículos científicos. Además, la misión generó un archivo público de aproximadamente 12 terabytes, con más de 1,5 millones de imágenes que podrán continuar en uso para nuevas investigaciones.
La rapidez que permitió estudiar explosiones fugaces
Uno de los objetivos principales del observatorio era detectar los estallidos de rayos gamma, determinar su ubicación y comunicar esa información a otros instrumentos astronómicos. Después, debía orientar sus propios telescopios hacia la región para registrar el resplandor posterior, antes de que desapareciera.
Bradley Cenko, investigador principal de la misión, explicó que Swift solía completar esa secuencia en alrededor de un minuto.
En 2005, el telescopio detectó por primera vez el resplandor de un estallido corto de rayos gamma, cuya emisión duró apenas 0,03 segundos. Esa observación aportó evidencia a favor de la teoría de que estos fenómenos pueden originarse en la fusión de dos estrellas de neutrones.
Con el final de la misión, la NASA busca alternativas para mantener esa capacidad de respuesta rápida ante fenómenos cósmicos transitorios. El archivo de Swift, mientras tanto, conservará los datos de casi dos décadas de observaciones.
