Tras el cierre definitivo del histórico parque acuático, decenas de animales continúan varados en las instalaciones a la espera de ser reubicados.

A poco más de un año y medio de bajar sus persianas de forma definitiva, el cierre del emblemático Aquarium de Mar del Plata sigue sumando capítulos oscuros y una compleja crisis humanitaria y ambiental para los animales que aún permanecen en el predio.
La falta de un acuerdo por el alquiler del codiciado terreno frente al Faro de Punta Mogotes y el posterior pedido de quiebra de la firma explotadora desencadenaron un escenario límite que ahora derivó en una medida desesperada: intentan vender cuatro pingüinos por 40 mil dólares para poder afrontar los gastos corrientes.
La situación del parque, que funcionaba desde 1993 en un predio de nueve hectáreas propiedad de la familia heredera de los fundadores Peralta Ramos, se convirtió en un verdadero dolor de cabeza judicial.
Actualmente, dentro de las instalaciones continúan alojadas unas 59 aves marinas que esperan ser trasladadas a una fundación ambientalista, custodiadas por apenas doce trabajadores que resisten cuidando sus hábitats y cobrando con extrema irregularidad.
