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El dato corresponde al Coeficiente de Alcance de Pedido Promedio (APP) realizado por la Fundación Encuentro. El ingreso por entrega, sin propina, alcanza los $3.165.

El trabajo a través de aplicaciones de delivery continúa siendo una de las principales alternativas laborales para miles de personas en Argentina, aunque cada vez demanda un mayor esfuerzo para alcanzar ingresos suficientes. Un informe de la Fundación Encuentro advirtió que un repartidor necesita realizar 147 entregas mensuales para cubrir la Canasta Básica Total individual y 453 pedidos para sostener un hogar de cuatro integrantes, sin contar propinas ni descontar los costos propios de la actividad.

El estudio, elaborado con datos correspondientes a marzo de 2026, muestra que la aparente estabilidad en la cantidad de pedidos necesarios para mantener un hogar oculta una pérdida del poder adquisitivo provocada por el aumento del costo de vida.

El APP relaciona el valor de un pedido promedio en plataformas de delivery con distintas canastas de consumo e ingresos de referencia con el objetivo de "ofrecer un umbral económico para estimar cuántos pedidos debe realizar un repartidor para alcanzar niveles mínimos de subsistencia y reproducción de la vida cotidiana".

El pedido promedio: $3165 que valen cada vez menos

El cálculo parte de un valor concreto: en marzo, el pedido promedio entre Rappi y PedidosYa fue de $3165,2. Este número, que surge del promedio entre ambas plataformas considerando diferentes tipos de vehículos, pedidos y horarios, se convierte en la unidad de medida para dimensionar el esfuerzo laboral en la economía de plataformas.

La comparación con diciembre revela una tendencia preocupante: mientras que el valor del pedido promedio se mantuvo prácticamente estable mes a mes, el costo de vida siguió escalando. En apenas tres meses, muchas actividades cotidianas requirieron realizar pedidos adicionales.

El mercado inmobiliario presiona especialmente: cubrir el alquiler de un monoambiente en la Ciudad demanda 177 pedidos mensuales -más de 6 entregas diarias-, mientras que un alquiler promedio de 1 a 3 ambientes exige 250 pedidos -más de 9 pedidos por día-.

10 datos claves sobre los trabajadores de aplicación

El pedido promedio es de $3.165,2 (sin propina), según los valores reportados por PedidosYa y Rappi.

Para alcanzar el ingreso promedio individual en Argentina hacen falta 320 pedidos.

Un hogar individual sin alquiler necesita 147 pedidos para no ser pobre.

La canasta básica alimentaria (CBA) individual se cubre con 67 pedidos.

Criar a un bebé según la canasta de crianza requiere 156 pedidos.

El alquiler promedio en CABA equivale a 250 pedidos.

Para llegar al Salario Mínimo Vital y Móvil hacen falta 111 pedidos.

El costo de monotributo A se cubre con 13 pedidos.

Un tanque de nafta (3,5 L) equivale a 2 pedidos.

Sobre el empleo y los salarios en Argentina

El crecimiento del delivery tampoco puede separarse del mercado laboral. En el primer trimestre de 2026, la desocupación alcanzó el 7,8%, frente al 7,5% del trimestre anterior, mientras la subocupación llegó al 11,1%. De este modo, la dificultad para acceder a un puesto formal convive con un número creciente de personas que trabajan menos horas de las que necesitan.

A su vez, un procesamiento del IIEP UBA-Conicet sobre la Encuesta Permanente de Hogares ubicó la informalidad en el 44,2% de los ocupados durante el primer trimestre, dos puntos por encima del año anterior. En otras palabras, más de cuatro de cada diez trabajadores desarrollan actividades sin la cobertura completa de las normas laborales, impositivas o de la seguridad social.

En este escenario, las aplicaciones ofrecen una entrada rápida y la posibilidad de sumar ingresos sin atravesar un proceso tradicional de contratación. Sin embargo, investigaciones del Conicet muestran que esa flexibilidad convive con incertidumbre, gestión algorítmica y dificultades para reconocer a las plataformas como empleadoras, aun cuando estas intervienen sobre la organización del proceso de trabajo.

Así, el delivery funciona como refugio ante la falta de empleo o la insuficiencia salarial, pero también absorbe trabajadores sin garantizarles una referencia colectiva para actualizar sus ingresos. El repartidor queda en la intersección de ambos problemas. Reduce la desocupación visible, aunque dentro de un universo de informalidad que le traslada buena parte de los costos, la incertidumbre y los riesgos de la actividad.