Los recientes comentarios del presidente Trump reflejaron otro cambio en los objetivos de las acciones militares estadounidenses. El presidente añadió que esperaba que Cuba cayera pronto.

El presidente Donald Trump declaró el viernes que no se conformaría con nada que no fuera la “rendición incondicional” de Irán, lo que constituye la más reciente y más extensa ampliación de sus objetivos para el conflicto, y que podría presagiar un conflicto mucho más largo si Trump persiste en ese objetivo.
Seis días después del inicio de la campaña israelí y estadounidense de bombardeos, Irán no ha mostrado ningún interés, al menos públicamente, en rendirse. En lugar de ello, ha hecho lo contrario, ampliando la guerra a los Estados árabes que albergan bases estadounidenses y atacándolos con misiles y drones, aunque el número de los ataques ha disminuido en los últimos días.
La declaración de Trump se produjo en una publicación en las redes sociales, en la que dijo que tras la rendición del país vendría “la selección de un Líder o Líderes GRANDIOSOS Y ACEPTABLES”, y prometió que Estados Unidos y sus aliados “trabajarán incansablemente para sacar a Irán del borde de la destrucción”.
Su declaración fue la más reciente de las metas cambiantes que Trump ha establecido para la guerra, con las cuales ha dejado a sus ayudantes, y a sus aliados en el Congreso, con dificultades para mantenerse al día y, en ocasiones, en contradicciones con el presidente.
Trump declaró el sábado, en las primeras horas del ataque estadounidense, que el pueblo de Irán debía sublevarse y derrocar a su gobierno.
Pero en los días siguientes, tanto el secretario de Estado, Marco Rubio, como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, se apartaron del énfasis en el cambio de régimen y afirmaron que Estados Unidos se enfocaba simplemente en asegurarse de que el programa nuclear iraní quedara destruido de forma permanente y de que ya no tuviera capacidad para atacar con misiles a Israel, a sus vecinos árabes y, quizá algún día, a Estados Unidos.
Hegseth fue más lejos el miércoles, cuando les dijo a los periodistas que no habría “construcción de naciones”, y habló desdeñosamente de los esfuerzos del gobierno de George W. Bush por construir nuevos gobiernos en Afganistán e Irak.
Pero Trump sigue volviendo exactamente a ese objetivo. Ha citado repetidamente el modelo de la acción estadounidense en Venezuela, donde las fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y autorizaron el ascenso de su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, con la condición de que ella podría dirigir el país siempre que cumpliera las exigencias estadounidenses, en particular el acceso al petróleo.
Trump se ha resistido a las insinuaciones de que Irán —un país con 92 millones de habitantes, casi tres veces la población de Venezuela, y un gobierno dirigido por clérigos y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica— difiere en todos los aspectos de Venezuela.
“Va a funcionar muy fácilmente. Va a funcionar como en Venezuela”, declaró a CNN en una breve conversación telefónica el viernes.
Dijo que no le preocupaba si había o no un gobierno democrático electo en Irán, y afirmó que estaba dispuesto a trabajar con líderes religiosos chiíes moderados.
“No me importan los líderes religiosos”, dijo. “Trato con muchos líderes religiosos”.
Mientras fueran “justos” con Israel y con Estados Unidos, dijo, estaba dispuesto a mantener un gobierno clerical.
Trump continuó diciendo que esperaba que Cuba cayera pronto, lo que le proporcionaría una trifecta: un cambio de liderazgo en tres países que han sido adversarios de Estados Unidos.