Tras varias cirugías cardíacas de emergencia, su defensa advirtió sobre una "grosera disminución" de su expectativa de vida.

El estado clínico del exministro Julio De Vido ha encendido las alarmas tras una reciente complicación cardiovascular. El pasado 1 de abril, durante un chequeo en el Hospital Interzonal de Ezeiza, se le diagnosticó una arritmia severa.
De acuerdo con el comunicado emitido por su círculo íntimo: “A partir de la fibrilación auricular detectada (…) y por el estado de riesgo en el que se encontraba Julio fue derivado de urgencia a CABA”. Esta situación obligó a un traslado inmediato a la Ciudad de Buenos Aires para recibir atención especializada ante la gravedad del cuadro.
Ahora, el exfuncionario se encuentra hospitalizado -desde el jueves 2 de abril- en un establecimiento de alta complejidad en el barrio de Palermo. Durante su internación, fue sometido a evaluaciones cardiológicas de precisión, incluyendo un ecocardiograma transesofágico y una cardioversión eléctrica con el objetivo de estabilizar su ritmo cardíaco.
La situación se tornó más compleja ayer tras un cateterismo, técnicamente un “estudio hemodinámico coronario”, cuyos resultados fueron preocupantes: el procedimiento detectó “dos lesiones coronarias severas” localizadas en la arteria descendente anterior y en una rama diagonal.
Debido a la gravedad del hallazgo, el equipo médico procedió de inmediato a realizar una angioplastia con colocación de stents para liberar las arterias obstruidas.
El planteo de su familia y de la defensa
El equipo legal del exministro ha puesto bajo la lupa las deficiencias del servicio de salud en prisión. Los letrados sostienen que “Julio De Vido está sometido a un inadecuado sistema penitenciario” y rechazan tajantemente los informes oficiales, advirtiendo que dicho entorno “no permite sostener que esté ‘compensado’, una valoración que carece de sustento en la realidad”.
En sintonía con este reclamo, la abogada Alessandra Minnicelli fue categórica al criticar la rigurosidad del trato recibido, manifestando: “no puedo entender la crueldad (…) que está provocando un agravamiento de su salud y una grosera disminución de su expectativa de vida”.
Por otro lado, la estrategia de la defensa busca exponer lo que consideran una desproporción en la condena. Al subrayar que la acusación es por ser “partícipe necesario de administración desleal por omisión”, aseguran que, usualmente, “por este ‘delito’, nadie va preso”.
Este complejo escenario reaviva la controversia sobre los límites de la prisión efectiva frente a cuadros clínicos delicados, especialmente cuando los nuevos diagnósticos médicos parecen colisionar con las decisiones tomadas previamente por la justicia.
El complicado cuadro de salud de De Vido
La situación clínica de De Vido es particularmente delicada debido a su diabetes mellitus insulinodependiente. Aunque la defensa reconoce que la enfermedad “estaba controlada cuando ingresó”, advierten que este antecedente es un multiplicador de peligro, ya que “todos los médicos del planeta saben que la diabetes se asocia con mayor agresividad de la enfermedad coronaria”. Bajo esta premisa, su entorno médico y legal insiste en que se trata de “un paciente con alto riesgo cardiovascular”.
Este diagnóstico obliga a una supervisión médica permanente que, según sostienen, el sistema actual no garantiza adecuadamente. Remarcan que “esa posibilidad concreta de descompensaciones agudas se atiende con urgencia a cualquier ser humano, más aún cuando tenés 76 años y necesitás controles oportunos y eficaces”, subrayando que la edad, combinada con sus patologías preexistentes, lo coloca en una situación de vulnerabilidad extrema que requiere una respuesta inmediata ante cualquier síntoma.